Un ACV (accidente cerebrovascular), conocido también como ictus, infarto cerebral o derrame cerebral, es una de las emergencias médicas más críticas y frecuentes en el mundo. Ocurre cuando el flujo de sangre hacia una parte del cerebro se interrumpe de forma repentina debido a un bloqueo o a la rotura de un vaso sanguíneo.

Al detenerse el riego sanguíneo, las neuronas de la zona afectada dejan de recibir el oxígeno y los nutrientes que necesitan para funcionar. En cuestión de minutos, las células cerebrales empiezan a morir, lo que puede provocar secuelas graves, discapacidad a largo plazo o incluso el fallecimiento. Por esta razón, ante un ataque cerebral, cada minuto cuenta.

Tipos de ACV: Diferencias entre isquémico y hemorrágico

No todos los accidentes cerebrovasculares ocurren de la misma manera. Clínicamente, se clasifican en dos categorías principales: 

ACV isquémico (infarto cerebral)

Es el tipo más común, representando casi el 90% de los casos. Ocurre cuando un coágulo de sangre o una placa de ateroma (grasa) obstruye una arteria que lleva sangre al cerebro. Al taparse el vaso sanguíneo, la región cerebral dependiente de esa arteria sufre una isquemia.

ACV hemorrágico (derrame cerebral)

Aunque es menos frecuente (alrededor del 10% al 15% de los casos), suele ser el más grave. Se produce cuando un vaso sanguíneo cerebral se debilita, se rompe y sangra dentro o alrededor del cerebro. La sangre acumulada ejerce una presión peligrosa sobre el tejido cerebral, dañando las neuronas circundantes. Las causas más comunes son la hipertensión arterial no controlada y los aneurismas.

¿Qué es un AIT o «mini ACV»?

El accidente isquémico transitorio (AIT) es un bloqueo temporal del flujo sanguíneo al cerebro. A diferencia del ACV isquémico, los síntomas del AIT suelen durar solo unos minutos o pocas horas y desaparecen por completo sin dejar secuelas visibles. Sin embargo, el AIT es una advertencia médica grave: un alto porcentaje de personas que sufren un AIT presentan un ACV mayor en los días o semanas posteriores si no reciben tratamiento preventivo.

Síntomas de un ACV: Cómo reconocer los signos de alarma

Identificar los síntomas de un accidente cerebrovascular a tiempo salva vidas. La forma más sencilla y rápida de memorizar los signos de alarma es mediante el método internacional F.A.S.T. (adaptado al español como el reconocimiento de cara, brazos y habla).

Parálisis o debilidad de un lado del cuerpo: Pérdida de fuerza repentina en la cara, el brazo o la pierna, afectando habitualmente a un solo lado del cuerpo. Pídele a la persona que levante ambos brazos; si uno se cae o no se mueve, es una señal de alerta.
Alteraciones del habla: Dificultad repentina para hablar, arrastrar las palabras, expresar ideas o comprender lo que otros están diciendo.
Asimetría facial: Al pedirle a la persona que sonría, un lado de la cara se cae o se muestra rígido (boca desviada).
Problemas visuales: Pérdida de visión repentina, borrosa o doble en uno o ambos ojos.
Pérdida de equilibrio: Mareo súbito, dificultad para caminar o pérdida de coordinación.
Dolor de cabeza repentino: Un dolor de cabeza intenso, explosivo y sin causa aparente.

¿Qué hacer y qué NO hacer ante la sospecha de un ACV?

Cuando ocurre un ataque cerebral, las decisiones de los acompañantes son determinantes para el pronóstico del paciente. Conoce cómo actuar correctamente:

¿Qué HACER de inmediato?Qué NO debes hacer
Llama a urgencias: Solicita una ambulancia de inmediato o traslada al paciente a un centro médico capacitado para la atención de accidentes cerebrovasculares.NO esperes: No dejes pasar tiempo para ver si los síntomas disminuyen solos.
Registra la hora: Anota el momento exacto en el que comenzaron los primeros síntomas.NO des medicamentos: No le des aspirinas, analgésicos ni pastillas para la presión (podrías empeorar un ACV hemorrágico).
Acomoda a la persona: Mantén al paciente acostado de medio lado (posición lateral de seguridad) si está perdiendo el conocimiento, para evitar ahogamientos.NO le des de comer ni beber: El ACV puede alterar la capacidad de tragar, causando asfixia.

Principales causas y factores de riesgo del ACV

Existen condiciones médicas y hábitos de vida que aumentan drásticamente las probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular. Aunque la edad avanzada y los antecedentes familiares son factores no modificables, la gran mayoría de los riesgos se pueden controlar:

Presión arterial alta (hipertensión): Es el factor de riesgo número uno y la causa principal de los ACV hemorrágicos e isquémicos.
Diabetes: Los niveles altos de azúcar dañan los vasos sanguíneos con el tiempo, facilitando la formación de coágulos.
Colesterol alto: Promueve la acumulación de placas de grasa en las arterias (aterosclerosis), obstruyendo el paso de la sangre.
Tabaquismo y alcoholismo: Fumar duplica el riesgo de sufrir un ictus al dañar las paredes arteriales y espesar la sangre.
Enfermedades cardíacas: Condiciones como la fibrilación auricular (un tipo de arritmia) pueden hacer que el corazón genere coágulos que viajen directo al cerebro.

Vida después del ACV: La importancia de la rehabilitación temprana

Las secuelas de un ACV dependen de la zona cerebral afectada y del tiempo que pasó sin recibir atención. Pueden incluir parálisis, problemas de lenguaje (afasia), cambios emocionales o dificultades cognitivas.

La rehabilitación después de un ACV debe iniciar tan pronto como el paciente esté estable en el hospital. Un enfoque multidisciplinario que incluya fisioterapia (para recuperar la movilidad), terapia del lenguaje o logopedia (para volver a hablar y tragar de forma segura) y apoyo psicológico es fundamental para que el paciente y su familia logren la mayor independencia posible.